Hace 4 horas
domingo 21 de junio de 2009
Llorando
Yo estaba bien, por un tiempo,
volviendo a sonreir.
Luego, anoche, te ví,
tu mano me tocó y el saludo de tu voz.
Te hablé muy bien y tú
sin saber que he estado llorando por tu amor,
llorando por tu amor.
Luego de tu adios sentí todo mi dolor
sola y llorando,
llorando
llorando
llorando...
No es fácil de entender
que al verte otra vez
yo esté llorando.
Yo que pensé que te olvidé,
pero es verdad es la verdad
que te quiero aún más
mucho más que ayer
dime tú qué puedo hacer.
no me quieres ya
y siempre estaré...
llorando
por tu amor
llorando
por tu amor.
Tu amor se llevó
todo mi corazón
y quedó llorando,
llorando
llorando
llorando
llorando
llorando
por tu amor.
Rebekah del Rio, "Llorando" (Mulholland Drive)
martes 2 de junio de 2009
Sin Título
Volaron las noches azules de brisa cálida
y la quietud de su estar despierto.
No lo vio nadie
pero las aceras de noche y de día
tarareaban su apellido.
No le encontré dormido ni sonámbulo
ni atando ni desatando las teclas oportunas.
Se quedó en el otro país
la intermitencia de sus párpados
y la lámina transparente del océano apretado.
Enfermera de Guardia
y la quietud de su estar despierto.
No lo vio nadie
pero las aceras de noche y de día
tarareaban su apellido.
No le encontré dormido ni sonámbulo
ni atando ni desatando las teclas oportunas.
Se quedó en el otro país
la intermitencia de sus párpados
y la lámina transparente del océano apretado.
Enfermera de Guardia
lunes 18 de mayo de 2009
Hasta siempre, Mario

No sé si es la tristeza ésta que tanto me turba últimamente, o de verdad mi blog se está convirtiendo en un cementerio.
When you are Smiling
When you are smiling
ocurre que tu sonrisa es la sobreviviente
la estela que en ti dejó el futuro
la memoria del horror y la esperanza
la huella de tus pasos en el mar
el sabor de la piel y su tristeza
When you are smiling
the whole world
que también vela por su amargura
smiles whith you.
Mario Benedetti
martes 12 de mayo de 2009
Hasta siempre, Antonio

Azul, líneas en el mar, que profundo
y sin domar acaricia una verdad.
Eh, tú, no lo pienses más,
o te largas de una vez o no vuelves nunca hacia atrás.
Se dejaba llevar, se dejaba llevar por ti,
no esperaba jamás y no espera si no es por ti.
Nunca la oyes hablar, sólo habla contigo y nadie más,
nada puede sufrir, que él no sepa solucionar.
Temor, alcohol de quemar,
pon tus manos a volar o en tus ojos el terror.
Azul, vuelve a reflejar y fundido con el sol
reina un sueño con sonido a mar. Se dejaba llevar...
Antonio Vega (1957 - 12 de mayo 2009)
viernes 3 de abril de 2009
lunes 23 de febrero de 2009
Nada más
No quiero sentir nada más
Que tu mano apoyada en mi sexo pequeño.
No me hables de las calles que hay al otro
Lado de las ventanas
No de la gangrena gris
supurienta de los periódicos.
No quiero saber nada de inviernos, primaveras,
veranos.
Ahora no quiero escucharte hablar de los muertos,
Ni del cambio climático
Ni del acelerón de las agujas
de tu Lotus Titanium mod. 15515
Ni de los expedientes de regulación.
Ni del juicio a favor de los sindicatos.
No quiero sentir nada más
Que tu mano pegada al círculo
Perfecto de mi ombligo.
Enfermera
Que tu mano apoyada en mi sexo pequeño.
No me hables de las calles que hay al otro
Lado de las ventanas
No de la gangrena gris
supurienta de los periódicos.
No quiero saber nada de inviernos, primaveras,
veranos.
Ahora no quiero escucharte hablar de los muertos,
Ni del cambio climático
Ni del acelerón de las agujas
de tu Lotus Titanium mod. 15515
Ni de los expedientes de regulación.
Ni del juicio a favor de los sindicatos.
No quiero sentir nada más
Que tu mano pegada al círculo
Perfecto de mi ombligo.
Enfermera
lunes 1 de diciembre de 2008
Fín de semana

Como el día en que el verano llegaba a su fin y los niños son arrancados del campamento.
Nuestra cara debía tener un aspecto parecido.
En el coche apenas articulamos palabra. Las canciones de la radio sonaban.
Eso era todo.
En los semáforos en rojo, El Informático giraba su cara y sus ojos cansados se clavaban en los míos.
Al proceder la marcha yo apoyaba mi mano sobre la suya, que con poca fuerza sujetaba la palanca de cambios con la levedad con que se acaricia a un gatito casi recién nacido.
Con eso bastaba para decírnoslo todo.
Nuestro fin de semana había sido como uno de esos campamentos infantiles inolvidables de los que hablan en las películas, donde el protagonista consigue el beso ansiado de la chica que le vuelve loco, y descubre el porno hardcore a través de las revistas filtradas por el mayor del grupo.
No podía evitar ir callada en el coche, con la imagen de las noches anteriores inmóvil en la cabeza. Con la imagen de él, sentado en la cama, con la espalda apoyada en el cabecero, recién lamido, intensamente abrazado, follado, sobado, vencido de deseo, corrido, estremecido y perturbado de vicio insolente con el cigarro entre sus dedos. Yo, a su lado, tumbada, con las sábanas blancas liadas en las concavidades y convexidades de mi cuerpo, contemplando el reflejo de la casi estampa religiosa en el espejo frontal, con la ávida adoración con la que con la que los andaluces devotos contemplan la imagen del Nazareno en Semana Santa.
Ahora nos esperaba la rutina semanal; el madrugón ácido del lunes, los pronósticos médicos poco favorables, el café cargado de media mañana, las llamadas del trabajo a deshora, los noticiarios diarios plagados de masacres y demás acrobacias cotidianas.
Amén.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


